Nunca lo enseñes.
Nunca lo permitas en la infancia o adolescencia que quieres.
Es un hábito durísimo de eliminar
que te llena de mierda por dentro.
Córtalo a tiempo.
Créeme.
Te hablo desde la experiencia más pura.
Más dura.
Contra la que aún sigo luchando.
La que todavía intento cambiar.
Aunque sea explicando una infección en la que te amputan.
Porque pasa.
O que a alguien tengan que operarle a corazón abierto.
Que también ocurre.
Es mejor asustarte, al principio.
Que pelear con ello años después
cuando ni siquiera te das cuenta de que de lo que haces,
porque ya es algo que te sale solo,
un vicio que no necesita ajenidad
porque lo llevas en tu cuerpo
y que no necesita consciencia
porque ya se ha automatizado.
Arranca la raíz de esta lacra
desde que comience a manifestarse.
El futuro será mejor sin uñas mordidas.
Por desgracia, no tengo pruebas aún.
Pero tampoco tengo dudas.
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