Tú estás ahí.
Llegaste hace poco.
Y de repente alguien consigue algo.
Tú no lo quieres.
No te interesa.
No en esta etapa de tu vida.
No hasta dentro de mucho, si es que llega tu momento ideal, que ya veremos.
Pero hay algo que cala.
¿Envidia tal vez?
¿Competitividad?
¿Pensar que podías haber sido tú?
¿Compararte?
¿Y si fuera tuyo el supuesto 'premio', luego qué?
¿Y si lo hubieras logrado tú?
Estarías mal por el estrés que añade a tu vida.
Estarías mal por las presiones.
Estarías mal por tanto tiempo entregado a directrices de otros que no compartes, en las que no crees, que no ves legalmente hablando,...
Estarías mal porque sabes cómo se hacen las cosas, los riesgos, la mierda, que es un poder que no compensa...
Estarías mal porque crees que es un regalo envenenado, que hay gente interesada en tenerte ahí para manejarte cuando ya no esté, o cuando esté pero no quiera las consecuencias de ejercer el poder y llevar una carga que tú sí tendrás.
Estarías mal porque el cargo puede conllevar otro tipo de responsabilidades. O no, pero te las acerca.
Estarías mal porque tus planes ahora son otros y, porque coño, tú no quieres esto, ¿verdad? jaja risa nerviosa.
En serio. Tú no quieres esto.
Tú no quieres gobernar un imperio que no cambie en absoluto la vida de la gente, que no la mejore, que no aporte a la sociedad.
Tú estás hecha de otra pasta, para otra cosa, para el juego humano.
Tú te metiste en esto para salvarte, para lograr una estabilidad, para tener una vida que ames.
No para conseguir un imperio.
No para entregarte a un cometido imposible de ejecutar correctamente tal y como están las cosas.
No para dejar de ser tú, con tus valores, tus principios sagrados y tu forma legalista de afrontarlo todo.
No para chuparle a nadie un pie y una mano.
No para vender (te).
No para que te mangoneen.
Y dices, coño.
Tuve oportunidades. Sí, las tuve. Y no las aproveché, aún sabiendo que podían serlo.
Tuve la suerte de que mi cuerpo se imaginó lo que la oportunidad podría implicar a largo plazo para él y decidió negarse.
Ahora lo pienso y digo: oportunidades, ¿de qué? ¿a qué coste?
Tú, al llegar, generaste mucha expectación.
Celos, incluso.
Te la jugaron más de una vez por ello.
Pero no era tu sino competir.
No, amiga, no.
Tal vez la vida te puso en una encrucijada.
Queriendo. Aposta.
Tu objetivo era uno hace unos meses, y no puede ni debe cambiar solo porque alguien que ves como igual te adelante sobradamente.
Que los logros de otros no distraigan tu foco.
Todo el día viajando otra vez, al servicio de otros, en contra de la estabilidad y rutina que deseabas y tu cuerpo te pide a gritos.
Todo el día con el móvil que cada vez odias más en la mano, y pendiente de cada llamada o mensaje que entra por tu reloj.
Sonríes. Quizás era envidia, competitividad, pensar que podías haber sido tú aunque ni siquiera lo desees, u odiosas comparaciones que no pueden hacerse, porque tú siempre estuviste muy por encima de hacer comparaciones...
Quizás la vida te está incomodando para que seas capaz de empezar a avanzar en tu propia existencia.
Quizás solo tienes que poner(te) (en) orden.
Y tú sabes cómo, lo que pasa es que no lo ejecutas.
Tienes amor, estabilidad, amistad, familia, salud aun con alguna cosilla, un cuerpo que te responde, inquietudes, motivaciones, proyectos...
Es el momento de disfrutar de todo eso.
De celebrar la vida, de proyectar la persona que quieres ser.
No de tomar el poder.
Y entonces... decides que estás hecha para algo aún más grande.
Algo que llegará, si surge, a su debido tiempo, y que no tiene nada que ver con esto.
Con esta ilusión momentánea que muy temprano te llevaría a la infelicidad.
Que no te sirve para tu propósito, que es enorme, empático, honesto y bello.
Y decides que vas a ser feliz y vas a tener tranquilidad por encima de todas las cosas.
Que no vas a permitir que nadie te la perturbe.
Ni quienes vienen, ni quienes se van, ni quienes suben a plantas más altas.
Feliz, feliz, feliz.
Tranquila, tranquila, tranquila.
Y en paz.
Suerte, ánimo y valentía a quien alcanzó su objetivo.
Los míos son muchos, son otros, y están muy lejos en tiempo y forma.
Pero los acercaré, a su debido instante, si es que llega.
Ahora, a por la felicidad.
A llenarse de vida, pasión, calma y disfrute con los míos.
Todo lo demás me sobra.
Debo recordar que nadie, jamás, será como yo.
Con todo lo que ello conlleva.
Y esa será mi baza y, para el mundo, su condena.
;)
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